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Author Topic: SINODICON DE ORTODOXIA  (Read 2050 times) Average Rating: 0
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Fr Siluan
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« on: March 10, 2006, 07:35:58 PM »

SINODICON DE ORTODOXIA
Según el Antiguo Manuscrito del Monje Andrés del Monasterio de Oleni en Moraea
 (Siglo XII- Biblioteca Británica)



Traducción,  adaptación y nota: Sacerdote Siluan Dignac



Nota: Según  la opinión de los estudiosos en esta materia el texto del presente Sinodicón del año 1110 o 1111 seria el más fiel en cuanto a contenido y forma, a aquel promulgado por los Santos Padres con motivo de la Restauración de la Veneración de los Santos Iconos en tiempos de la Emperatriz Teodora (843).


Es debido dar gracias a Dios una vez al año, por causa de aquel día cuando nosotros recuperamos la Iglesia de Dios, demostrando los dogmas de la verdadera religión y derrocando las blasfemias de la maldad.

Siguiendo los dichos proféticos, doblegándonos a las exhortaciones apostólicas, y permaneciendo en los fundamentos de los relatos del Evangelio, instauramos como festivo este día de dedicación. Porque Isaías dice que las islas serán dedicadas [1] a Dios, significando, [por islas,] las iglesias de las naciones y, por iglesias, no los edificios esplendidos de la iglesia, sino el contenido de los mismos, aquellos que realizan actos de reverencia en ellos y rinden culto a lo divino con himnos y alabanzas. El Apóstol recomienda lo mismo, cuando nos ordena vivamos una vida nueva [2], y dice que si alguien está en Cristo, él es una nueva creación [3] para ser renovada.

Luego hay palabras del Señor para ser tomadas proféticamente: Era, dijo Él, la fiesta de la dedicación en Jerusalén, y era invierno. [4] [Por invierno se entiende] tanto el espiritual [invierno] por cual la nación de los judíos avivo la tormenta de sed de sangre y inquietud contra el Salvador de todos nosotros, como aquel qué afecta los sentidos corporales cuando los aires cambian para volverse fríos.

Porque hubo un invierno entre nosotros—un largo y duro invierno, y no sólo una estación fugaz—una de gran maldad, vomitando salvajismo, pero ahora, por nosotros, ha florecido la primera de estaciones, la primavera de las gracias de Dios en cual nos hemos reunido para hacer una ofrenda agradable a Dios, una cosecha de buenas obras; o, para expresarlo mejor, en términos del salmo: Al verano y primavera, tu los has formado, recuérdalo. [5]

Porque a los enemigos que ultrajan al Señor y deshonran completamente la santa veneración de Él en los santos iconos, levantándose y resoplando a través de sus blasfemias: el Señor de los maravillas los hará jirones, y arrojara a tierra la insolencia de su apostasía.

Él no desatiende la voz de aquéllos que claman a Él, Recuerda, Oh Señor, el ultraje de tus sirvientes, el ultraje de muchas naciones que yo di a luz en mi seno, con cual tus enemigos te han ultrajado, Oh Señor, con cuales ellos han ultrajado la recompensa de su Cristo. [6]

Por la “recompensa de Cristo” se entiende, aquéllos que han sido redimidos por su muerte y han creído en él, a través de la predica de la palabra y la escritura en imágenes. Porque de esta manera, es consumada la gran obra de la Economía, a través de la cruz y los sufrimientos que Él soportó y los milagros que obro antes y después de la cruz, este es un hecho conocido para aquéllos que han sido salvados. Y la imitación de su sufrimiento ha sido tomada por los Apóstoles y luego por los mártires, y a través de ellos, por los confesores y por los ascetas.

Este ultraje, con que los enemigos del Señor han ultrajado, con cuales ellos ultrajaron la recompensa de su Cristo, [7] nuestro Dios, ha nacido en el entendimiento. Su corazón está lleno de consuelo, y Él se inclina por las oraciones de su madre, los apóstoles, y todos los santos. Porque ellos también participaron en la insolencia mostrada hacia Él, y lo atacaron en los iconos, para que así como ellos participaron con él en el sufrimiento en la carne, así, de manera similar, ellos participaron con él en la insolencia ofrecida a los iconos.

Ahora, Dios por fin, ha hecho claro lo que ha dispuesto hoy, y ha completado uno segundo tiempo como lo ha hecho antes. Pues antaño, luego del paso de muchos años cuando los santos iconos sufrieron desprecio y deshonra, él retiro su piedad. Ahora, es un segundo tiempo, luego de un período breve de treinta años de maldad, él nos ha sacado de la vejación y nos ha restaurado a nuestra inmerecida libertad personal, la redención de quienes sufren, la renovada proclamación de la piedad, la convicción de la veneración de iconos, y la fiesta que concede dones salvadores para todos nosotros.

Porque en los iconos vemos los sufrimientos del Señor por nuestra causa, la cruz, el sepulcro, la destrucción y despojo del Hades, el combate de los mártires, sus coronas, la salvación en si misma, cual el juez del combate, dador del galardón y las coronas ha logrado en la tierra.

Hoy nosotros instauramos como festivo este santo día, y juntos y felices, regocijándonos en las oraciones y letanías, clamamos en salmos y canciones.

¿Qué dios es grande como nuestro Dios? Tú eres nuestro Dios, quien solo obra grandes maravillas. [8]

Porque tu te burlas de aquellos quienes desprecian tu gloria, y muestras a quienes se atreven a ponerse contra tu icono, como cobardes y prestos a huida.

Pero hay acción de gracias a Dios, y el soberano trofeo contra los antagonistas en estas materias; todavía hay otra declaración y detallada recusación para explicar los combates y luchas [esto ha tenido lugar] contra quienes luchan contra los iconos.

Como nosotros estamos de pie sobre la posesión de la Jerusalén espiritual, en un cierto lugar de descanso luego del paso a través del desierto, en imitación a Moisés, o más bien obedientes a un mandamiento divino, preparamos un pilar de grandes piedras, listo para ser escrito, es recto y adecuado para que nosotros podamos inscribir en los corazones de los hermanos las bendiciones que son debidas a quienes guardaron la ley y las maldiciones que los faltos de ley han traído para si mismos. Por consiguiente decimos:

1. Aquellos quién confiesan la presencia encarnada de Dios el Verbo por palabra, por boca, en el corazón y en la mente, por escrito y por los iconos:

¡Que su memoria sea eterna!

2. Aquéllos quienes conocen la diferencia en esencia de la única y misma hipóstasis de Cristo atribuyendo a ella sus propiedades de creada e increada, visible e invisible, capaz del sufrimiento y exenta de sufrimiento, abarcable e inabarcable; que atribuyen a la esencia divina la propiedades de ser increada y demás, mientras también reconocen en su naturaleza humana otras cualidades, incluso la de ser abarcable, y afirman todo esto tanto de palabra como por imágenes:

¡Que su memoria sea eterna!

3. Aquéllos quienes, creyendo y proclamando, predican las palabras del Evangelio por escrito, y lo trasladan a figuras, para reunir en algo conjunto el simple deber de la proclamación por la palabra, y la segura confirmación de la verdad a través de los iconos:

¡Que su memoria sea eterna!

4. Aquéllos quienes santifican sus labios por la palabra, y aquéllos que los oyen por la palabra, sabiendo y predicando que los ojos de aquéllos que ven son santificados por los sagrados iconos, así el entendimiento es llevado al conocimiento de Dios, así como es a través de las iglesias consagradas, los sagrados recipientes y otros santos tesoros:

¡Que su memoria sea eterna!

5. Aquéllos quienes saben que la vara y las tablas, el arca y la lámpara, y la mesa, y el altar bosquejaron de antemano y prefiguraron a la Santísima Virgen Maria, la Madre de Dios; y también que estas cosas la prefiguraron, pero que ella no se convirtió en ellos, porque la doncella fue y permanecía virgen antes y después de dar a luz a Dios, y por consiguiente la doncella debe ser escrita mas bien en las imágenes que ser representada en objetos:

¡Que su memoria sea eterna!

6. Aquéllos quienes conocen, aceptan y creen en las visiones proféticas, tal como el Divino mismo les diera forma y figura, cuales el coro de profetas contempla y describe; y quiénes, fortalecidos por la tradición escrita y oral de los Apóstoles y continuando con la de los Padres exprese las cosas santas en imágenes y las honra:
 
¡Que su memoria sea eterna!
 
7. Aquéllos quienes comprenden a Moisés, quien dijo: Estad atentos a vosotros mismos que en ese día, cuando el Señor Dios habló en la montaña Horeb, oíste el sonido de palabras, pero no visteis ninguna semejanza,[9] y sabe responder debidamente, que si nosotros vemos algo, lo vemos de verdad, como el hijo de trueno nos enseñó, él que era desde el principio, a quien nosotros oímos, a quien nosotros vimos, a quien nosotros contemplamos con nuestros propios ojos, y nuestras manos han tocado, concerniente a la palabra de vida,[10] y a éstos nosotros damos testimonio; y otra vez, como los demás discípulos del Verbo, nosotros comimos con él y bebimos con él, no sólo antes de su pasión, sino también después de la pasión y la resurrección;[11] aquéllos quienes pueden distinguir los preceptos de la ley, de la enseñanza de la gracia, y ve que él es invisible en la primera, pero visible y palpable en la última, y que, por consiguiente, lo que se ha visto y se ha tocado es escrito en los iconos y se venera:

¡Que su memoria sea eterna!

Como los Profetas vieron, como los Apóstoles enseñaron, como la Iglesia lo ha recibido, como los Maestros expresan en dogma, como el mundo habitado lo entiende junto con ellos, como la gracia ilumina, como la verdad clarifica, como el error ha sido desterrado, como la sabiduría se atreve a afirmar, como Cristo ha lo declarado, así pensamos, así hablamos, así predicamos, honrando a Cristo Nuestro Verdadero Dios, y sus Santos, en palabras, en escrituras, en pensamientos, en sacrificios, en las iglesias, en los iconos, adorando y reverenciando al único como Dios y Señor, y honrándolos a causa de su común Señor como quienes son cercanos a él y le sirven, y venerándolos como es debido.

Ésta es la fe de los Apóstoles; ésta es la fe de los Padres; ésta es la fe de los ortodoxos; esta fe hace ayunar al mundo habitado. A estos predicadores de la verdadera religión, alabamos como hermanos y como quienes anhelamos tener como nuestros padres, por la gloria y honor de la verdadera religión por cual ellos lucharon, y decimos:

Germán, Tarasio, Niceforo y Metodio, verdaderos sumos sacerdote de Dios, quienes enseñaron la ortodoxia y lucharon por ella:

¡Que su memoria sea eterna!

Ignacio, Focio, Esteban, Antonio, y Nicolás, Santísimos Patriarcas Ortodoxos:

¡Que su memoria sea eterna!  

Todo lo que ha sido escrito o dicho contra los Santos Patriarcas Germán, Tarasio, Niceforo y Metodio, Ignacio, Focio, Niceforo, Antonio y Nicolás:

¡Anatema!

Toda innovación y acción contraria a la tradición de la Iglesia, la enseñanza y costumbres de los Santos y Célebres Padres, o cualquier cosa que sea hecha después de esto:

¡Anatema!

Eutimio, Teofilo y Emiliano, famosos confesores y arzobispos:

¡Que su memoria sea eterna!

Teofilacto, Pedro, Miguel y José, benditos metropolitanos:

¡Que su memoria sea eterna!

Juan, Nicolás y Jorge, tres veces benditos confesores, y arzobispos, y todos los obispos que pensaron como ellos:

¡Que su memoria sea eterna!

Teodoro, el santísimo igumen de los Estuditas,

¡Que su memoria sea eterna!

Isaac el Taumaturgo, y el gran profeta Joaniquio:

¡Que su memoria sea eterna!  

Hilarión el santísimo archimandrita, e igumen del monasterio de Dalmata:

¡Que su memoria sea eterna!

Simeón, el santísimo estilita,

¡Que su memoria sea eterna!

Estas bendiciones se han transmitido de ellos a nosotros, como de padres a hijos, quienes guardan celo por su piedad, y las maldiciones doblegan a los parricidios, quienes desdeñan las órdenes del soberano. Por eso, nosotros, como comunidad de piedad, infligimos públicamente sobre aquellos la maldición que ellos mismos se han causado.

A aquéllos que aceptan con la razón la encarnada economía de Dios el Verbo, pero no permiten que esto sea contemplado a través de las imágenes, y por consiguiente inciden para recibir nuestra salvación en palabras, y de esta manera, en verdad, niegan lo primero:

¡Anatema!

A aquéllos que perversamente utilizan la palabra "inabarcable‘' y por eso, niegan escribir las imágenes de Cristo, nuestro verdadero Dios quien vino según nuestra carne y sangre,[12] y por consiguiente ellos mismos demuestran ser unos fantasiosos:

¡Anatema!

A aquéllos que admiten, aun contra su voluntad, las visiones proféticas, pero no aceptan la elaboración de imágenes de aquello que ellos han contemplado---Oh maravilla!—aun antes de la Encarnación del Verbo, mas neciamente dicen que la mismísima esencia, incomprensible e invisible, fue vista por aquéllos que la contemplaron, o concluyen que estas cosas hechas manifiestan verdaderas imágenes, figuras y formas para aquéllos que las ven, pero no aceptan que el Verbo se a hecho hombre, y que sus sufrimientos por nosotros pueden ser escritos en los iconos:

¡Anatema!

A aquéllos que oyen y comprenden al Señor cuando dice, Si creyeseis a Moisés, me creeríais a mi,[13] y demás, y Moisés dice, El Señor nuestro Dios levantará un profeta de vuestros hermanos, como a mi,[14] y entonces dice que el profeta será recibido, pero que ellos no representarán la gracia del profeta y la salvación que él trajo para el mundo entero a través de imágenes, aunque fue visto y vivió entre los hombres y mujeres, y curó dolores y enfermedades con poderosos actos de sanación, y fue crucificado, y sepultado, y ascendió de nuevo, e hizo y sufrió todo esto por nosotros; a aquéllos que no aceptan que estas obras de salvación, consumadas por el mundo entero, puedan ser contempladas en los iconos, pero no honradas y veneradas en ellos:

¡Anatema!

A aquéllos que permanecen en la herejía contra los iconos (Iconoclasia), o más bien la apostasía contra Cristo, y ni siquiera desean ser salvos por la legislación mosaica, ni escoger vivir piadosamente de acuerdo a la enseñanza apostólica, ni ser persuadidos para convertirse del error por medio de los consejos y exhortaciones de los Padres, ni están avergonzados por la armonía de cada una de las partes de la Iglesia Ecuménica de Dios, pero de una vez y para siempre se han aferrado a la parcela de los judíos y los paganos (lit: griegos); porque inmediatamente han pronunciado blasfemias contra el Arquetipo, y no se han sonrojado por atreverse a hacer la imagen del arquetipo. Sobre aquéllos, por consiguiente, quiénes han aceptado descuidadamente este error, y han llenado sus oídos contra la divina palabra y enseñanza espiritual, como ya están podridos, y han cortado con el cuerpo común de la Iglesia:

¡Anatema!

Anastasio, Constantino y Nicetas, aquéllos quienes comenzaron las herejías isaurianas, hombres impíos y líderes que conducen a la ruina,

¡Anatema!

Teodoto, Antonio y Juan, alcahuetes uno con otro de los vicios, y herederos de impiedad:

¡Anatema!

Pablo que retorno a Saulo, Teodoro llamado Gastes, y Esteban el Molutos, así como Teodore Kritino, y Luludio el león, y cualquiera quien como ellos esta pronunciando la impiedad, en cualquier categoría del clero o cualquier otro honor o estilo de vida a que ellos pertenecen; a todos éstos que continúan en la impiedad:

¡Anatema!

A todos los herejes: ¡Anatema!

A aquéllos quienes aplican los dichos de las Santas Escrituras dirigiéndolos, como contra los ídolos, contra los augustos iconos de Cristo Nuestro Dios y sus santos:

¡Anatema!

A aquéllos que comparten la opinión de esos que se burlan y deshonran los augustos iconos:

¡Anatema!

A aquéllos que dicen que los cristianos tratan a los iconos como dioses:

¡Anatema!

A aquéllos que dicen que otro, además de Cristo nuestro Dios, nos libro del error de los ídolos,

¡Anatema!

A aquéllos que se atreven a decir que la Iglesia Católica ha aceptado a los ídolos, demoliendo así, todo misterio y burlándose de la fe de los cristianos,

¡Anatema!

¡MUCHOS AÑOS AL EMPERADOR!

Dios protegerá su poderío. Dios dará paz a su reino.

¡El Rey celestial, protege a aquéllos en la tierra!

Miguel, nuestro Emperador Ortodoxo, y Teodora, su santa madre,:

¡Que su memoria sea eterna!

Basilio y Constantino, León y Alejandro, Cristóbal, y Román, Niceforo, y Juan, Basilio, y Constantino, Román, Miguel, Constantino, Miguel e Isaaquio, todos quienes han cambiado el reino terrenal por el celestial:

¡Que su memoria sea eterna!

Eudocia y Teofano, Teodora y Helena, Teofano y Teodora, Zoe y Teodora, ortodoxísimos Augustos:

¡Que su memoria sea eterna!

Germán, Tarasio, Niceforo, y Metodio, renombrados y benditos patriarcas,:

¡Que su memoria sea eterna!

Ignacio, Focios, Esteban y Antonio, Nicolás y Eutimio, Esteban, Trifo, Teofilacto y Antonio, Polyeucto, Nicolás, Sisinio, Sergio, Eustatio, Patriarcas Ortodoxos,:

¡Que su memoria sea eterna!

La Santísima Trinidad los ha glorificado. Por sus combates, luchas y enseñanzas por causa de la verdadera religión, al punto dar la vida, rogamos a Dios para que seamos guiados y fortalecernos, para que podamos, hasta el fin, ser imitadores de su inspirado modo de vida, por las piedades y gracia del gran y primer sumo sacerdote Cristo, Nuestro Verdadero Dios; la oraciones de Nuestra Gloriosísima Señora, la Madre de Dios y Siempre Virgen Maria, de los santos Ángeles y todos los Santos. Amén.

Fin


[1] Isaías 41:1.

[2] romanos 6:4.

[3] 2 corintios 5:17.

[4] Juan 10:22.

[5] salmo 73:17-18.

[6] salmo 88:51-52.

[7] salmo 88:52.

[8] salmo 76:14-15.

[9] salmo 4:15.

[10] 1 Juan 1:1.

[11] Hechos 10:41.

[12] Cf. Hebreos 2:14.

[13] Juan 5:46.

[14] Deuteronomio 18:15; el cf. Hechos 3:22.
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Roberto
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Jurisdiction: ROCOR
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San Hilarión Troitsky, Ruega a Dios por nosotros


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« Reply #1 on: April 05, 2006, 08:40:40 PM »

Gracias Padre Siluan por la traducción del Synodikón de la Ortodoxia.

Como se sabe, cada vez son más necesarias las traducciones de los oficios eclesiásticos, por lo que este importante aporte es bienvenido en un lugar donde hay tanto que hacer.

En Cristo
Roberto León R.
Santiago de Chile
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Diácono Roberto León Ramírez
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