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Author Topic: Epístola del Metropolitano Laurus por la Fiesta de Todos los Santos de Rusia  (Read 1651 times) Average Rating: 0
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Roberto
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Faith: Ortodoxa
Jurisdiction: ROCOR
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San Hilarión Troitsky, Ruega a Dios por nosotros


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« on: June 14, 2007, 09:32:05 AM »

Epístola de Su Eminencia Metropolitano Laurus, Primer Jerarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Exterior en la Fiesta de Todos los Santos de la Tierra Rusa

¡Amados en el Señor Padres, hermanos, hermanas e hijos!

Hoy la Iglesia Ortodoxa Rusa celebra la memoria de nuestros santos compatriotas, aquellos que dedicaron sus vidas a servir a Dios y al prójimo.
Ser creyente es confesar la fe a través de actos de amor a Dios y al prójimo. Toda la pléyade de  santos que celebramos hoy sirven como ejemplo de esa fe que “trabaja por amor” (Gálatas 5:6). En la fe está la bendición del Cristiano. La adquisición de la fe es un tesoro en si y por si misma: el hombre no puede creer en la misericordia de Dios sin haber tomado la decisión de servir no a si mismo, sino a Dios y a su prójimo. El amor por los otros comienza con la creencia de que en ellos es posible el arrepentimiento y el amor correspondido.“ El Apóstol Juan el Teólogo señala: “El que dice “Amo a Dios”, pero odia a su hermano, es un mentiroso”.

Guiado por el testimonio del amor y habiendo resuelto a satisfacción todas las situaciones que obstaculizaban la comunión fraternal completa al interior de la Iglesia Ortodoxa Rusa única, nuestro Sínodo de Obispos, de acuerdo a la decisión del Concilio Episcopal celebrado en Mayo del año pasado, finalmente confirmó el Acta de Comunión Canónica, y resolvió enviar una delegación a Moscú, a participar en la celebración del re establecimiento de la unidad en la iglesia. Lo que experimentamos en aquella fiesta en la Catedral de Cristo Salvador, me recordó la alegría sentida por el “autor de los cánones”, San Teófanes, durante la reconciliación lograda por la Iglesia en el 7º Concilio Ecuménico, cuando la Iglesia de Cristo derrotó a la iconoclasia. “Gritemos, y que todos los fieles griten fuerte y salten de alegría en este día, ¡Cuán maravillosas son Tus obras, Oh Cristo! ¡Cuán grande es Tu poder! Porque tu nos has llevado a ser una sola mente y has sellado nuestro acuerdo”, escribió San Teófanes en la primera oda al Triunfo de la Ortodoxia. En la misma oda, más adelante, leemos “Viendo la gran bendición que hemos recibido: cómo los miembros de Cristo dispersos han sido unificados, ¡batamos palmas de alegría y alabemos a Dios, que nos ha concedido la paz!” .Este regocijo fue sentido por quienes trepidaban aguardando ese día, ese día “que el Señor había creado”, así cómo quienes se unieron llenos de duda a nuestra peregrinación.

Además de la oración conjunta en la Catedral de Cristo salvador, oramos sobre las reliquias de San Tíkhon, Patriarca y Confesor de Toda Rusia, tan amado por los fieles de la Iglesia Rusa en el Exterior; durante la gran consagración de una nueva iglesia construida sobre el sitio de la ejecución masiva de Butovo; en el sitio de sepultación de los Jerarcas de Moscú en la antigua Catedral de la Dormición (Uspensky Sobor) en el Kremlin, donde amaba servir Su Eminencia el Metropolitano Anastassy (Gribanovsky) de bendita memoria; en Kiev, en la cripta del Santo Hieromártir Vladimir (Bogoyavlensky) y los santos padres de las Cavernas Próximas y Alejadas de la Lavra de Kiev- Pechersky (Kievo-Pecherskaya Lavra); en Pochaev, donde trabajaron San Job y el Abad de nuestros hermanos monásticos, el Arzobispo Vitaly (Maximenko); y en el lugar de aparición del Santo Ícono-Raíz de la Madre de Dios en Kursk. En cada uno de estos lugares sagrados elevamos nuestras oraciones por nuestros archipastores y pastores, por los feligreses de nuestra Iglesia, por nuestras familias y nuestros hijos. A ellas, agregamos la oración que jamás faltó en ninguna de las iglesias de la diáspora rusa durante los terribles años de ateísmo—la oración por el muy sufriente pueblo ruso.

Nuestros ancestros nos dieron nuestro amor por los lugares y objetos santos de nuestra Patria—ellos no son sólo monumentos al pasado. Están ligados al destino de personas vivas, y hoy, igual que en el pasado, la gente de Dios en Rusia vive en el sacrificio, con fe y amor ahora restauran estos santos lugares, construyen iglesias y monasterios, tratan de seguir las huellas de aquellos a quienes recordamos hoy.

Nuestro amor no puede dirigirse al pasado— debe vivir y accionar en el presente, en el tiempo y el lugar donde el Señor nos puso para servirlo a Él y al prójimo.

Amados en el Señor padres, hermanos, hermanas e hijos, ante nosotros se abre el difícil y espinoso camino de confirmar y fortalecer la unidad de nuestra iglesia a través de la confesión de nuestra fe— volviendo nuestra fe en actos y trabajos de bien, manifestando en la vida el legado de nuestros santos ancestros, construyendo nuestra patria y llamando a otros a servir a Dios y a nuestra gente. El Señor nos llama a la vida eterna, donde reinan Su amor y Su paz. Pero, para entrar en esa bendita existencia, debemos alcanzar, aquí en la tierra, la unidad, la comprensión, la confianza, la hermandad y el amor por todos.

"No teman," enseña San Efrén el Sirio, " iniciar el buen camino que conduce a la Vida”. Que no teman aquellos que no dudan de las decisiones de las Jerarquías, ni aquellos que han dejado la Iglesia, recordando que la Mano fuerte y Omnipotente de Dios nos guía, protegiéndonos de todas las crisis y peligros. Protejámonos con “el alimento del alma”, cómo los Santos Padres llaman a la humildad. El Santo Jerarca de Moscú Filaret (Drozdov, +1867), cuyos restos reposan en la Catedral de Cristo Salvador, consideraba la humildad como “la sal de las buenas obras”, porque, así como la sal incrementa el sabor de los alimentos, así la humildad fortalece a la persona en sus buenas obras. Sin humildad los emprendimientos (podvigi) espirituales del hombre se desintegran en orgullo, autocomplacencia y agrandamiento, y pierden su valor. Un ejemplo de esto es el Fariseo que no tuvo humildad, y  convirtió en inútiles todas su buenas obras. (Lucas 18:11, 12). Oremos al Señor, para que Él enseñe la humildad a los hermanos y hermanas que nos han abandonado, no por su Fariseísmo y su ilegítimo alejamiento de la Jerarquía, sino hacia la obediencia a la Iglesia, hacia la devoción, la paciencia, la pacificación, buscándolo a Él y al amor. "Pero a éste hombre miraré," dijo el Señor, "aún a ése que es pobre y de espíritu contrito, y tiembla ante mi palabra” (Isaías 66:2).

Oremos, amados en el Señor pastores y rebaño de la Iglesia Rusa en el Exterior, a todos aquellos que celebramos hoy, quienes en esta vida fusionaron su fe en Cristo con el amor y las acciones (podvigi), para que, a través de las oraciones de ellos podamos superar al pecado que nos abate, y logremos heredar la vida de bendición eterna. Amen.

Con amor en el Señor e implorando por sus oraciones,

+ Metropolitano Laurus
Primer Jerarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Exterior

2ª Domingo de  Pentecostés 2007


Traducido por Elizabeth Jurlow
http://www.freewebs.com/san_nectario/anunciosespeciales.htm
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Diácono Roberto León Ramírez
Tags: Laurus  metropolitano  ROCOR  epistola  santos de rusia 
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