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Author Topic: Epístola de Ascensión del Metropolitano Laurus  (Read 2164 times) Average Rating: 0
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Roberto
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San Hilarión Troitsky, Ruega a Dios por nosotros


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« on: May 23, 2007, 08:32:47 PM »

Epístola de Su Eminencia Metropolitano Laurus , Primer Jerarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Exterior, en la Ascensión del Señor   

Eminentes hermanos Archipastores, amados-en–el-Señor Reverendos Pastores, queridos hermanos, hermanas e hijos!   
 
Celebrando la  Ascensión de Nuestro Señor Jesus Cristo, la Santa Iglesia convoca y llama a todos sus hijos, a todos los nacidos en la tierra, a regocijarse cantando "Batan palmas todas las naciones, porque Cristo ha ascendido hacia el lugar de donde vino" (sticheron de "al Señor clamé") Del canto de la Iglesia queda claro que aún los Santos Apóstoles se regocijaron, porque en el tropario cantamos "Ascendiste en Gloria, Oh Cristo Dios nuestro, otorgando gran gozo a Tus Discípulos …"

Uno a veces oye de quienes no desean compartir la celebración de la Pascua de Cristo, en relación a éste feriado, palabras cómo ¿Cual es el motivo del regocijo? Parece mas adecuado lamentarse, ya que el Señor dejó a sus discípulos y al mundo en Su presencia visible, ascendió a los cielos y tomó Su lugar a la diestra de Dios, y sólo volverá para el terrible Juicio de los vivos y los muertos.

Sin embargo, hay muchas razones para regocijarse por la Ascensión! Los Apóstoles celebraron porque Cristo les dijo "Estaré siempre con ustedes, hasta el fin del mundo" y les prometió enviar a Su igual, el Espíritu Santo, el Consolador Divino, diciendo: "De verdad les digo, es necesario para ustedes que yo parta, porque si yo no me fuera, el Confortador no descendería sobre ustedes, pero, si me voy, Yo se los enviaré" (Juan 16:7). Cristo ascendió físicamente, elevando con ello la carne humana y nuestra naturaleza hacia el Cielo, hasta el Divino Altar, es decir, El nos llevó a la gloria eterna. Ahora, cuando elevamos la vista hacia el Trono Divino, vemos no a un terrible Dios castigador, sino que a un Dios Amante, Misericordioso y Comprensivo que posee la experiencia de la existencia humana y que ha soportado todas las tentaciones que ustedes y yo enfrentamos cada dia.  Vemos en el Trono Divino tanto al Hombre reluciendo en Luz inmortal y Gloria Divina, co-reinando y morando en completa unidad con El, e intercediendo por nosotros, cómo testimonia Juan el Teólogo: "Hijitos, estas cosas escribo en ustedes, para que no pequen. Y si un hombre pecare, tenemos un abogado ante el Padre, Jesús Cristo, el justo: y el es la propiciación para nuestros pecados: y no sólo para los nuestros, sino para los del mundo entero " (1 Juan2. 1-2). Gracias a este santo acontecimiento, en materia de nuestra verdadera salvación, lograda por Cristo, es que somos humanos potencialmente divinos. Es por eso que los Apóstoles celebraron, cómo hoy la Iglesia festeja junto con sus hijos, en el cuál ello, a través de los Misterios, comulgan con la Divinidad y lo sagrado, la humanidad sin pecado del Señor Ascendido. Esta fiesta revela ante nuestros ojos espirituales la nueva relación que existe entre Dios y la humanidad, gracias a los actos de nuestro Salvador.

En ésta festividad, restauramos la unidad canónica y la totalidad de la comunión de la iglesia en una sola Iglesia Ortodoxa Rusa Local. Hoy día, el sendero aprobado por el IV Concilio de Toda la Diáspora y por el Concilio Episcopal que lo siguió, llega a su final.

El dogma de la unidad de la Iglesia esta expresado en el Credo, confirmado por el Concilio Ecuménico en base al Evangelio de Cristo. El Señor Jesús Cristo, el Jefe y Creador de nuestra fe y salvación, estableció una sola Iglesia en la tierra, confiándole a Ella sola la verdadera fe, haciéndola solo a ella la depositaria de Sus Dones Divinos. El deseaba eso, y oraba especialmente al Padre Celestial, porque todos quienes lo sigan a El sean "un solo rebaño" bajo Su dirección, el Único Pastor. (Juan 10:16). Las siguientes palabras dichas por el Salvador confirman la unidad e indivisibilidad de la Iglesia: "Todo reino que se divide por dentro llega a la desolación; toda ciudad o toda casa que se divide por dentro no perdura... El que no está conmigo, está contra mi; y el que no se reúne conmigo, se perderá " (Mateo 12:25, 30). El Apóstol Pablo entrega bases significativas para la unidad de la Iglesia, al compararla con los miembros del cuerpo humano: "Cómo el cuerpo es uno solo," dijo el Apóstol, "y tiene muchos miembros y todos los miembros forman un solo cuerpo: eso es Cristo … Ahora nosotros somos el cuerpo de Cristo, y sus miembros particulares " (I Corintios 12:12, 27).

Pero, amados hermanos y hermanas en el Señor Resucitado, ¿Cuál es la tarea actual que emerge para nosotros desde el concepto de unidad de la Iglesia? En las palabras del Apóstol Pablo, todos los creyentes, formando un solo cuerpo cómo Iglesia debemos "mantener la unidad del Espíritu en el lazo de la paz" (Efesios 4:4), sin rehusar la comunión en los Misterios y no separándose del acuerdo universal por desobediencia a las Jerarquías eclesiásticas confirmadas por la Divinidad. "No se dejen tentar, hermanos," decía el Santo Mártir Ignacio, "quien siga las enseñanzas del cisma no heredará el Reino de Dios, quien abrace enseñanzas ajenas no comparte el sufrimiento de Cristo". El Santo Obispo Mártir Cipriano de Cartago testimonia que quien se aparta de la comunión en la Iglesia, aunque muera por dar testimonio de Cristo, su pecado no será lavado con Su sangre; indeleble y lamentable es el pecado de la división, el cual no se limpia ni siquiera con el sufrimiento." ( Sobre la Unidad de la Iglesia ). También son motivadoras las siguientes palabras del mismo Padre: "Quien no pone atención a la Iglesia no es hijo de la Iglesia, y aquel para quién la Iglesia no es una madre, para el Dios no es un padre."

Así, mis amados, regocijémonos es estos días festivos del Triodio Pascual, porque, a través de estos hechos, que salvaron al mundo, el Señor hizo divina nuestra naturaleza, nos nutrió y nos liberó de la muerte y la corrupción, y, completando la tarea de nuestra salvación al establecer la Santa Iglesia, El, como dice la primera sticheron después de la elevación de la cruz: "nos elevó a la sacralidad primera," es decir, restableció el contacto directo con Dios, que se había perdido por las caídas en el pecado de nuestros ancestros, y que nosotros ahora obtenemos en los Misterios salvíficos de la Iglesia, gracias a la especial misericordia y providencia hacia nosotros.

Manténganse firmes en la fe, mis amados, sean intrépidos, sean firmes en las bases inamovibles de la Iglesia, que es "el pilar y la base de la verdad" (1 Timoteo 3:15). Amèn.

Con amor en el Señor y mi súplica por sus santas oraciones,


+ Metropolitano Laurus

Primer Jerarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Exterior

 
Traducido por Elizabeth Jurlow M.

http://www.freewebs.com/san_nectario/anunciosespeciales.htm
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Diácono Roberto León Ramírez
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« Reply #1 on: May 24, 2007, 02:54:25 AM »

¡Gloria sea a Cristo nuestro Dios!
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